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¿Qué es el dress code y cómo aplicarlo en tus citas?

Querrás saber que es el dress code, o código de vestimenta; bien, es un conjunto de normas o pautas que indican cómo vestirse para una ocasión en especial, ya sea un evento formal, una reunión casual o, en este caso, una cita. Estas reglas no están escritas en piedra, pero se usan a modo de guía para proyectar una imagen adecuada, transmitir respeto y adaptarse al contexto. En el ámbito de las citas, el dress code es una herramienta poderosa para mostrar tu personalidad, generar una buena impresión y sentirte seguro de ti mismo o de ti misma.

dress code

¿Qué implica utilizar el dress code en citas?

Para saber utilizar el dress code correctamente en una cita, hay que evaluar varios factores: el lugar, la hora, el tipo de relación (primera cita, relación consolidada, encuentro casual) y, por supuesto, tu estilo personal. Siempre la clave está en encontrar un equilibrio entre comodidad y presentación. Vestir bien no significa disfrazarte de alguien que no eres, sino resaltar tus mejores atributos mientras te adaptas al ambiente. Por ejemplo, no usarías un traje formal para una cita en un café, ni irías en ropa deportiva a un restaurante elegante.

En general, el dress code para citas puede clasificarse en tres categorías principales:

  1. Casual: Ideal para citas relajadas como un paseo por el parque, un café o un cine. Aquí puedes optar por jeans bien cortados, una camiseta o camisa sencilla, y zapatillas cómodas pero limpias. Los accesorios, como un reloj o una bufanda ligera, pueden añadir un toque personal sin exagerar.
  2. Smart casual: Perfecto para citas en restaurantes informales, bares o eventos culturales. Este estilo combina elementos formales e informales, como un pantalón de vestir con una camisa sin corbata, o una falda midi con una blusa elegante. Los colores neutros funcionan bien, pero un toque de color puede mostrar confianza.
  3. Formal: Reservado para citas en lugares sofisticados, como cenas en restaurantes de lujo o eventos especiales. Aquí, un traje bien ajustado, un vestido elegante o un conjunto coordinado son apuestas seguras. Presta atención a los detalles: zapatos pulidos, maquillaje discreto y accesorios minimalistas.

Consejos para aplicar el dress code en citas

  • Investiga el lugar: Antes de la cita, averigua dónde será. Revisa el sitio web del restaurante, bar o lugar para tener una idea del ambiente. Si no estás seguro, pregunta a tu cita qué tipo de plan tienen en mente.
  • Adapta el atuendo a tu personalidad: Elige ropa que te represente. Si eres creativo, un accesorio único puede ser un gran tema de conversación. Si prefieres lo clásico, opta por cortes simples y colores atemporales.
  • Prioriza la comodidad: No hay nada peor que pasar una cita incómoda por unos zapatos que aprietan o una prenda que no te queda bien. La confianza es más atractiva que cualquier atuendo.
  • Cuida los detalles: Un buen aseo personal, uñas limpias, cabello arreglado y un perfume sutil son tan importantes como la ropa. Estos detalles refuerzan una imagen cuidada.
  • Sé auténtico: No intentes imitar un estilo que no te representa solo para impresionar. La autenticidad siempre conecta mejor.

Conclusión

El dress code en citas es una forma de comunicar quién eres sin decir una palabra. Más allá de seguir reglas estrictas, se trata de entender el contexto, sentirte bien contigo mismo y mostrar interés por la ocasión. Al final, la mejor prenda que puedes llevar es tu confianza y una sonrisa genuina. ¡Viste para disfrutar y dejar una impresión inolvidable!

La fotografía glamour es mucho más que capturar la belleza física; es un arte que combina estilo, creatividad y confianza para resaltar lo mejor de cada modelo. Este estilo fotográfico se caracteriza por su enfoque en la sensualidad y el atractivo, pero siempre manteniendo una línea de buen gusto y profesionalismo. Desde los icónicos retratos de divas clásicas hasta las sesiones modernas con influencias editoriales, el glamour sigue siendo una de las ramas más cautivadoras de la fotografía profesional.

En este artículo, exploraremos qué hace que una sesión de fotos glamour sea exitosa, las claves para destacar como modelo en este estilo y, finalmente, las 10 mejores poses sensuales que toda chica puede incorporar en una sesión para lograr resultados espectaculares.

La Importancia de una Sesión Glamour bien ejecutada

El éxito de una sesión de fotos glamour no depende únicamente de la modelo, sino también de una serie de elementos que deben alinearse a la perfección. Estos incluyen el estilismo, la elección de poses adecuadas, la comunicación con el fotógrafo y, por supuesto, el ambiente creado durante la sesión.

1. El Estilismo: Clave para una Imagen Impactante

La ropa, el maquillaje y el peinado juegan un papel crucial en la fotografía glamour y la sensualidad. Un estilismo bien pensado realza las cualidades naturales de la modelo, crea un ambiente adecuado y aporta un sentido de cohesión estética a la imagen.

  • Ropa: Es preferible elegir prendas ajustadas al cuerpo que resalten las curvas de manera elegante. Lencería, vestidos satinados, blusas con transparencias o incluso piezas de alta costura pueden ser perfectas.
  • Maquillaje: Debería ser impecable y enfatizar los rasgos faciales. Un look natural con labios rojos o un estilo más dramático con ojos ahumados son opciones populares.
  • Peinado: Desde ondas suaves y románticas hasta recogidos elegantes, el cabello debe complementar el concepto de la sesión.

2. Comunicación y Confianza con el Fotógrafo

El vínculo entre la modelo y el fotógrafo es esencial para obtener imágenes auténticas y emocionantes. Un buen fotógrafo no solo dirige las poses, sino que también crea un espacio seguro donde la modelo puede expresarse sin inhibiciones. Esto incluye:

  • Ofrecer indicaciones claras y positivas.
  • Fomentar una atmósfera de confianza y respeto.
  • Ser receptivo a las ideas o preocupaciones de la modelo.

3. Iluminación y Escenario La iluminación es el alma de cualquier fotografía glamour. Ya sea luz natural suave o un esquema más dramático de estudio, la iluminación debe resaltar las texturas de la piel, el cabello y las prendas. El escenario también juega un papel importante: un fondo minimalista o decorativo puede influir en el tono de la sesión.

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Tras el fallecimiento de la reina Victoria en 1901, Gran Bretaña empezó a disfrutar de la vida alegre. El rey Eduardo Vil fomentó las fiestas, el consumismo y los viajes por Europa. Los británicos tenían la oportunidad de ponerse al nivel de los franceses, quienes habían estado disfrutando de la belle époque desde 1870. París era el referente de la moda del mundo occidental y se vanagloriaba de contar con las casas de costura de Callot Soeurs, Doucet, Drécoll, Worth y Paquin.

A pesar de este Clima de apertura, las mujeres tardarían en abandonar el corsé. El cuerpo feme­nino se moldeaba en forma de S: busto elevado, caderas hacia atrás, y estómago liso y plano. En su novela Los eduardianos (1930), Vita Sackville-West describe así a Lucy, la duquesa: “(…) a esto seguía la tarea de atar los cordones, empezando por la cintura y apretando poco a poco hacia arriba y hacia abajo, hasta lograr las proporciones requeridas”. Después llegaron las enaguas, las medias, los calzones para señora y las almohadillas para acentuar las caderas.

 La tarea de vestirse requería mucho tiempo. Las mujeres de la buena sociedad no paraban de vestirse y desvestirse: vestidos de mañana, de tarde y de noche. Para irse de visita por la mañana llevaban trajes sastre de diseñadores como John Redfern, mientras que los vestidos de tafetán con enaguas que emitían un provocativo frufrú se reservaban para la noche. Sólo el vestido de la hora del té, por el que se recuerda a la costurera lady Duff Gordon, “Lucile”, permitía a las mujeres liberarse del corsé y retirarse a su tocador. En su novela Chérí (1920), Colette escribió: “Hoy he tenido un mal día, Rose. (…) Tráeme el delicado vestido de la hora del té, el nuevo, y la amplia capa bordada. Esta ropa de lana no me deja respirar.”

El diseñador Paul Poiret dio cierto respiro a las mujeres que llevaban corsés, corpiños de encaje y volantes. Tras trabajar como aprendiz con un fabricante de sombrillas y en las casas de en 1903 abrió su propia tienda en París. Él y la casa de modas de Paquin introdujeron el estilo imperio británico y una silueta más fluida. El talle subió hasta debajo del busto y una falda suavemente drapeada caía recta hacia abajo. Los rígidos corsés de ballena se sustituyeron por corsés ceñidos más flexibles que apretaban las caderas y liberaban el busto. Poiret, inspirado en los vestidos orientales, con intensos colores fovistas, adoptó un estilo atrevido y teatral. Empezó por las túnicas ligeras, los pantalones de estilo oriental, los quimonos, los turbantes y las largas plumas para el cabello. Otra de las innovaciones de Poiret fueron las faldas trabadas muy ajustadas y los vestidos pantalla de lámpara, con sobretúnicas acampanadas bajo el busto.

La popularidad cada vez menor del corsé coincidió con la creciente lucha por la libertad de la mujer. En Londres, sufragistas armadas con sombrillas y agujas de sombrero se defendían de la policía e ingresaban en prisión. En Roma, el papa Pío X condenaba el hecho de llevar vestidos ceñidos ante un clérigo y, en EE.UU., las mujeres eran arrestadas por utilizar bañadores masculinos.

Con la amenaza del conflicto bélico, la moda no tardó en abandonar su lado frívolo una vez la sociedad intensificó sus esfuerzos por enfrentarse a un asunto tan serio como era la guerra.

El escote de los vestidos de noche de este retrato de familia contrasta escandalo­samente con los altos cuellos que se llevaban durante el día. El frufrú abigarrado de detalles como volantes, cintas, encajes y pliegues solían añadirse a un corpiño confeccionado en seda que servía de base. El corpiño finalizaba en una amplía faja y una falda de cola. Los vestidos de noche solían engalanarse con flores y franjas de volantes plisados.
Mujeres equipadas con sombrillas y chales a su llegada a la estación de ferrocarril de la localidad británica de Henley para contemplar las regatas de la temporada de 1905. Los vestidos veraniegos solían ser de suaves colores pastel, como lila, blanco y rosa, y los de la fotografía probablemente estaban confeccionados con algodón estampado. Las chicas llevaban el cabello suelto hasta los dieciocho años, cuando se lo recogían con peinetas y horquillas.
La princesa de Gales (centro), poco antes de convertirse en la reina María, asiste a una fiesta cele­brada en el jardín de Marlborough House en 1907. El niño situado a la derecha, con el canotier, es el futuro rey Jorge VI. Las plumas de avestruz se consideraban símbolos de la posición social.
En la fotografía, adornan los sombreros y caen drapeadas sobre los hombros de las señoras. Las mangas de.los vestidos, confeccionados con toda profusión de detalles, eran estrechas y se cubrían desde el hombro al codo con una amplia sobremanga fruncida.
El cuerpo encohe­tado que hoy parece deformado y antina­tural se consideraba la silueta femenina Ideal de la época.
Esta figura de “reloj de arena” pertenece a la actriz Camllle Cllfford, apodada la “chica Gibson». Originariamente, las chicas Gibson eran personajes creados en las Ilus­traciones de moda del estadounidense Charles Dana Gibson, pero más adelante esta deno­minación se utilizó para designar a las mujeres Indepen­dientes y deportis­tas, que lucían un peinado voluminoso y una cintura de avispa.
En esta fotografía de la actriz Isabel Jay queda patente la ostentosa parte superior del vestido, un ejemplo de los brocados y bordados ornamentales Indis­pensables en una época en la que estaba de moda todo lo oriental. Las flores o las rosetas de seda solían adornar la parte superior del talle de los vestidos de día y de noche.
Bañadores estilo bombacho tendidos al sol en 1909 . Los baños de sol aún no estaban de moda y las señoras debían guardar las formas. Incluso mojarse los pies era un asunto un tanto difícil en 1902, cuando las largas y amplias faldas, las distintas capas de enaguas, los bombachos y las ligas no hacían más que estorbar
Esta capa de 1902 rematada con pieles se lucía con toda probabilidad con un vestido de noche. A pesar de la apa­rente fragilidad del escotado vestido de encaje, los volantes quedaban sujetos mediante un corsé en forma de jaula.
Dos trabajadoras lucen camisas o blusas blancas y faldas largas y oscuras. Este práctico uniforme solía llevarse para practicar deportes y también fue adoptado por las profesoras y las muje­res que desempeñaban trabajos de oficina. En cierta forma fue­ron un precedente del traje de ejecutiva propio de la década de 1980.
Una participante de las carreras automovilísticas de Blackpool en 1906. Las mujeres llevaban velos para protegerse la cara y sujetar los sombreros. A esta automovilista también le habría ido bien un largo sobre todo para protegerse del polvo. Las gafas solían ser un accesorio habitual y los guantes eran una prenda indispensable del atuendo automovilista. Los sobretodos protegían la ropa, pero resultaban especialmente Incómodos.
Un grupo de reinas de la belleza de 1913 luce el moderno estilo Imperio británico con el característico talle alto (izquierda). De Izquierda a derecha, las misses de Inglaterra, Francia, Dinamarca, Alemania, Italia y España. Los cuellos altos fueron reemplazados por rígidos cuellos de encaje abrochados en la nuca o cuellos de pico cubiertos con un trozo de tela para no mostrar más de lo per­mitido. Gracias a esta nueva tendencia estilizada, las mujeres de la alta sociedad podían vestirse solas.sin la ayuda de una doncella.
Dos mujeres parecen estar muy atentas a las palabras del futuro rey de Inglaterra, Jorge V (página siguiente) en 1907, Ei fallecimiento del monarca Eduardo Vil en 1910 enlutó a todo el país. En las carreras de Ascot, estas mujeres (superior) han cambiado los vaporosos vestidos blancos por otros negros con sombreros, sombrillas y plumas teñidos a juego. Las damas de la alta sociedad británica raramente elegían el negro para vestirse de la cabeza a los pies, a no ser que fuera por razones de protocolo
Los vestidos con superposiciones abombadas que se recogían a la altura de los muslos fueron muy populares en 1912 y 1913. El de la izquierda se va estrechando hasta quedar recogido al estilo falda trabada. Este tipo de faldas se llevaban con ropa interior que permitiera mantener las piernas juntas para que la falda no se ensanchara y, por tanto, se rasgara.
La artista Vanesa, Stephen era her­mana de la novel Virginia Woolf. Esta fotografía fue tomada probable mente con ocasión de su boda con el crítico de arte Bell. Ambos eran miembros des­tacados de la sociedad de Bloomsbury, una asociación di artistas y escritores bohemios. Vanes: Bell era conocida por sus atuendos vistosos y vaporosos, aunque en la fotografía aparece más discreta con un sencillo vestido.
La actriz Gladys Cooper, que más tarde se convertiría en una estrella tea­tral y cinematográfi­ca con The Second Mrs Tanquery y My Fair Lady, luce un vestido de noche de talle alto línea Imperio caracteri­zado por el nuevo estilo vaporoso y clásico. SI bien habían desaparecido los recargados volantes, el vestido estaba profusamente engalanado con pedrería. Por la noche, el cabello solía adornarse con plumas, diademas y cintas adornadas con piedras preciosas.
Bailarinas de la escuela de danza de Isadora Duncan posan con un atuendo clásico, una tendencia muy en boga en la época. Duncan causó controversia con sus técnicas de danza de movimientos libres que contrastaban con la disciplina propia del ballet clásico. Bailaba descalza la música de Brahms y Wagner, y más tarde fundó su propia escuela de danza en Moscú.
La vida al aire libre se habla puesto de moda y las mujeres tenían que hacer ejercicio para lucir con esbeltez los nuevos vestidos estilo Imperio. Cada deporte seguía teniendo su propio traje. Para patinar, las faldas eran de corte acampanado, y las bufandas y los largos abrigos se guarnecían con pieles.
Pavlova demuestra la libertad de movimientos que podía lograrse liberándose del corsé completo. El vestido plisado podría ser un diseño de Mariano Fortuny, quien también vestía a la bailarina Isadora Duncan. Fortuny teñía los vestidos y los mantos con tintes vegetales y desarrolló una sofisticada técnica para plisar la seda. Su famoso vestido plisado Delfos, que se ceñía a la cintura con un cordón de seda, estaba inspi­rado en la Antigua Grecia. En la década de 1980, el dise­ñador japonés Issey Mlyake siguió investigando en las técnicas de plisado para crear su colección “Pleats Please”.
El plisado estilo Fortuny de este vestido de 1909 se ha adaptado a un modelo más formal que los vestidos túnica vaporosos del diseñador. Fortuny teñía la seda en colores degradados, utilizaba abalorios de cristal de Murano en dobladillos y mangas como pesos decorativos, y se Inspiraba en la Antigua Grecia y en el mundo oriental.